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En los últimos tiempos parte del debate educativo gira en torno a las nuevas tecnologías y al uso que les damos en las escuelas. A pesar de que parezca un tema de actualidad situaciones parecidas se vienen repitiendo en la historia en sucesivas ocasiones; no hay nada nuevo bajo el sol (ya lo decían en Grecia). Cualquiera de los adelantos, novedades, técnicas o aparatos que el ser humano fue descubriendo en cada paso de la evolución supusieron un esfuerzo superlativo para el grupo.
La adaptación, descubrir e integrar las ventajas de la vida en común, ponerlas al alcance de todos, descartar las desventajas y superar los inconvenientes de cada invento o descubrimiento fueron obstáculos que hubo que salvar para llegar dónde estamos hoy.
El fuego, la rueda, las herramientas, la electricidad... la radio, la televisión... fueron objetos de brujería que tardaron en integrarse y tolerarse en el día a día humano. Sin hundirse mucho en el pasado cojamos como ejemplo estos dos artefactos. La capacidad de enviar mensajes sin cables de un punto la otro desenvolvida por Guglielmo Marconi y basada en los trabajos de Nikola Tesla (y antes Hertz, Popov...) fueron considerados algo sobrenatural y catalogados como magia, generaron temores e hicieron imaginar fuerzas invisibles llegadas del lado oscuro. En 1938 la emisión de la Guerra de los Mundos (novela de ciencia ficción de H.G. Wells) por parte de Orson Welles provocó un pánico masivo que acentuó el medio radiofónico como fuente de engaño demoníaco y caótico.
La televisión también supuso abrir de nuevo las puertas del infierno tecnológico hace poco más de 100 años. Poder ver a distancia lo que está pasando, convertir la luz en electricidad, codificarla en un cable dividiendo las imágenes en líneas... y poder enviarla a infinitos puntos distantes, permitió entrar en los hogares y creó una situación de la que se deprendeu un abanico de diagnósticos como ansiedades, desintegración familiar, problemas de salud física además de la influencia moral en la infancia (negativa por supuesto). Aun hoy seguemos a escuchar críticas profundas y científicas sobre los contenidos “basura” de la TV y todas sus posibles y derivadas consecuencias.
Esta “pólemos” entre lo positivo y negativo de los inventos, de las nuevas tecnologías, es pues una constante en el ser humano desde mucho antes de la revolución científica.... y ahora tenemos un nuevo ángel caído del progreso humano, aun más, dicen que lo hemos integrado y (dan por supuesto que) sacralizado en las escuelas...
Hoy en día tenemos la posibilidad de conectar con toda la información de nuestro universo, podemos asomar en cualquiera parte nuestro mundo, consultar bibliotecas, visitar museos, salir al espacio exterior y regresar sin necesidad de equipación especial... Escapamos también de la rigidez de los libros de texto, de la angostura interesada de propuestas concretas (que muchos de nosotros considerábamos como cerradas, sin escape); tenemos la posibilidad de crear nuestros propios recursos, mezclarlos, ampliarlos o elegir entre los posibles que ponen nuestra disposición, que son muchos, tanto buenos como regulares y malos. Tener acceso a todas estas posibilidades supone un avance que debe cambiar la forma de enseñar y la forma de aprender... Y no obstante lapidamos continuamente esta alternativa, sacrificamos esta opción porque se considera perjudicial para nuestra salud (física y mental), quemamos en la hoguera de nuestra progresía estos nuevos medios y levantamos la voz pidiendo volver al esquema decimonónico.
La apuesta educativa del software libre, del uso universal y gratuito de ordenadores (rompiendo así la barrera del acceso a toda la comunidad) es considerado una amenaza para la juventud y para la sociedad. Liberarse del absolutismo de los todopoderosos “gurús” informáticos y conseguir un uso libre de los recursos tecnológicos debe ser aplaudido desde cualquier rincón de nuestra realidad.
Ciertamente cualquier tecnología implica sus riesgos... de hecho tener cuchillos en la casa en un lugar común como la cocina o en cualquier otro rincón del hogar supone un hipotético peligro, pero ya estamos acostumbrados a tenerlos, ya superaron la disputa entre lo necesario y el peligroso y ya son admitidos como elementos vitales en nuestro día a día. El peligro, por tanto, se ve reducido a aprender cómo usarlo, a adaptarlo a nuestras necesidades, a integrarlo en la faceta que le corresponde de nuestro quehacer diario. El peligro radica en el uso indiscriminado que le podemos dar, y en el consentimiento de a quién y como se lo damos.
El uso que la escuela hace de estos medios es insustituible, no podemos renunciar al progreso (con todos los peligros que supone para la supervivencia de la especie) no podemos dejar pasar la ocasión de modernizar la escuela, una escuela que lleva tiempo enquistada en el siglo XIX y que está supeditada a intereses comerciales que impiden el avance necesario del ser humano. El uso que la escuela hace de estos medios en las aulas representa una parte muy pequeña del tiempo de trabajo del alumnado pero supone también como contrapartida a posibilidad de mejorar exponencialmente la formación y el conocimiento. Cerrar nuestras aulas a esta ventana al mundo, a todas las posibilidades que hubo y que hay, supone una visión mermada de la realidad social y educativa que no podemos permitir.
Habrá otros espacios y otros momentos que deban limitarse; tendremos que ponerle límites a su uso, límites a su acceso, e incluso límites a los propios recursos, pero esa parte de responsabilidad debe ser asumida por distintos agentes sociales, por distintos protagonistas que comparten con el profesorado la responsabilidad de la formación de la ciudadanía. No es tarea del profesorado limitar los accesos al conocimiento sino posibilitarlo. En el uso consciente y reglado de estos recursos está nuestra responsabilidad como profesionales y estos avances no pueden estar condicionados por criterios espurios.
En esa línea seguiremos avanzando.
J. Manuel Yáñez Dablanca
Profesor de Filosofía
IES Ribadeo Dionisio Gamallo
